Sin comentarios. Sin idiotas

Etiquetas

, , , ,

dfrdSi hay algo por lo que se caracteriza la especie humana eso son dos cosas: la maldad y la estupidez. Por mucho que la ciencia nos diga que la inteligencia es el rasgo distintivo del ser humano, creo que lo que realmente nos diferencia del resto del reino animal es la incontenible maldad que atesoramos y la infinita estupidez de la que millones de individuos pueden hacer gala. Miles son las razones que avalan esta afirmación pero bastan un par de ejemplos para demostrarla. La primera es que ningún ser vivo de la Tierra mata por placer o por diversión o porque le da la gana. El ser humano hace del asesinato un “arte” (como en las corridas de toros, citando un ejemplo patrio) o una satisfacción (como en toda guerra), y goza con ello, se regodea en el sufrimiento del otro, colma su sed de tortura ante la visión del dolor ajeno. La segunda es que ningún animal es tan imbécil como para cargarse su propio hábitat, el ser humano sí. Somos tan idiotas que hemos destruido el planeta… por dinero (!). Hemos abocado a la desaparición a miles de especies, hemos arrasado selvas enteras, contaminado los océanos, envenenado la atmósfera… sin ser conscientes (o sí) de que todo este planeta y todos sus habitantes forman una fina red que debe mantener un equilibrio para que no se vaya al garete. Pero resulta que el dinero lo es todo y que el medio ambiente es una preocupación menor para los canallas que dirigen el cotarro. Lo dicho, estupidez supina.

Hoy en día, con la explosión de Internet y la tecnología, parece que los estúpidos (y estúpidas, claro) se han reproducido, que han proliferado como setas y hay cada vez más, para desgracia del personal. Creo que esto no es del todo así, que los idiotas y tontos y gilipollas son los mismos de siempre, sólo que ahora tienen un poderoso altavoz, una herramienta que los pone en circulación pública y por lo tanto ponen aún más de manifiesto su insoportable presencia (aunque es innegable que también la red está favoreciendo el desarrollo exponencial de la imbecilidad humana). La red ha conseguido que a los imbéciles no sólo los tengan que soportar sus círculos más cercanos sino también los más lejanos, esto es, todo aquel que tenga la desgracia de dar con un sujeto de estos a través de algún hilo de Internet. También se les llama troles, definición muy certera y cachonda, por cierto. Y ahí están, tras cada tuit que uno publica, tras cada post que escribe en su blog, en cada comentario en Facebook o incluso comentando noticias en periódicos digitales. Saben de todo, ¡joder! Da igual el medio, para ellos lo importante es demostrar su estupidez de forma imperiosa. Y es gracioso, porque en su realidad creen que son muy listos, que quedan por encima del interlocutor con sus comentarios vacuos y absurdos. Intentan debatir pero casi siempre recurren en última instancia al insulto, que es el arma favorita de todo gilipollas.

No sé qué interés puede tener una persona en criticar la opinión de otra que ni conoce, en meter las narices en sitios ajenos para polemizar por cualquier tema. Llamadme raro pero yo leo algo por ahí con lo que no estoy de acuerdo y no voy corriendo como un bobo a intentar cambiar la opinión de nadie, es un insulto a la inteligencia del otro (suponiendo que la tenga), aparte de que es una memez establecer un debate a través de Internet, donde la asepsia de la palabra escrita puede dar lugar a infinidad de interpretaciones. Esa gente que siempre tiene que dar su opinión contraria a la tuya o que viene a pedirte explicaciones de por qué has escrito esto o lo otro me toca las narices, como si a mí me importara lo que piense el resto del mundo y menos un imbécil. Pues el idiota es lo que hace, y se deja la vida en ello. Siempre ojo avizor para ir corriendo a rebatirte o que le justifiques cualquier cosa. La estupidez en grado sumo.

Por eso, porque discutir o justificarte ante un imbécil o un bobo o un hijo de puta incluso, es una tarea molesta e inocua, yo he optado por ignorar, por pasar sin contestación ante cualquier conato de troleo. Por eso hace tiempo que quité los comentarios de este blog y dejé de contestar réplicas en redes sociales (también tiene parte de culpa mi innata capacidad para atraer todo tipo de individuos raros, desequilibrados, perturbados y similar ralea). No tengo que debatir con quien sólo quiere la polémica, con quien quiere hacerme cambiar de parecer (esto, como he dicho, es un insulto), con quien viene a pedir explicaciones por lo que escribo o dejo de escribir. A esa gente hay que ignorarla, no darle el juego absurdo que buscan, no bajar a su nivel de ameba intelectual porque de lo contrario uno se verá abocado a caer en la nauseabunda ciénaga de la mediocridad, donde chapotean miles de gilipollas que van de listillos y que encima se creen poseedores de la verdad absoluta. Con el idiota, como el que oye llover…

Burros

Etiquetas

, , , , , , , ,

plaza-toros-valencia-ppCuando Valle-Inclán sentenció que “España es una deformación grotesca de la cultura europea” se quedó corto, muy corto. Porque un país que está dispuesto voluntariamente a seguir gobernado por delincuentes, a que le sigan torturando con salvajes recortes, a que le roben en sus mismas narices, no es un país normal. España es una tierra encantada de oír el restallar del vergajo del amo sobre sus espaldas, y no sólo eso, sino que después inunda sus heridas en sal para mayor goce de su propio dolor. Es un pueblo indolente, impávido ante afrentas y humillaciones y refrectario al movilismo, incapaz de encontrar el coraje suficiente para impulsar una revolución que ilumine la negrísima situación a la que lo han abocado. Es una tierra intelectualmente en barbecho, catatónica, narcotizada, moribunda. Y no estoy exagerando, prueba de ello es la infame pléyade de dirigentes políticos que hemos elegido a lo largo de los años —décadas— y la dramática situación en la que nos encontramos (no, la tan cacareada recuperación no existe).

Según uno de los antiguos orgullos del PP y que el mismo Rajoy decía que lo quería («coño, te quiero, coño», decía el muy fantoche), Alfonso Rus, los votantes de este partido son unos burros. No lo digo yo, aunque lo piense, lo dice el que hasta hace poco era presidente de la Diputación de Valencia, nada más y nada menos, cuando decía que él podía «prometer traer la playa» y los muy burros lo creían y lo volvían a votar. Qué definición más certera del votante medio del partido fundado por Fraga, gente que pese a saberse gobernada por corruptos y delincuentes vuelven a votarlos una y otra vez, impasibles ante el saqueo de las arcas públicas. Más de siete millones nada más y nada menos tuvo el PP en las pasadas elecciones, más de, en palabras de Rus, siete millones de burros dispuestos a seguir permitiendo la corrupción más flagrante. Y yo me pregunto, ¿por qué se vota a unos individuos corrompidos hasta la médula pese a saber de sus desmanes? La respuesta es demasiado obvia.

Uno puede entender y respetar la decisión de votar a unos u otros, la ideología o la forma de pensar de los demás, pero cuando esa decisión implica un escarnio de lo público, de lo que es de todos —de lo nuestro, de lo mío—, ahí ya no podemos quedar impasibles, porque por la estupidez de esos «burros», el resto, el pueblo, se ve seriamente perjudicado, tanto que si todo el dinero que han saqueado los compañeros y muy queridos amigos de Rajoy en la Comunidad Valenciana se hubiera destinado a prioridades sociales, quizá los ciudadanos de aquella región hubieran tenido una realidad muy diferente. Esto no se puede tolerar. Yo jamás votaré a un partido tan tramposo como Ciudadanos, ni a otro tan incoherente como Podemos, pero puedo llegar a entender —y respetar— que tengan sus votantes, a día de hoy no han robado a nadie (que se sepa) y sus capacidades de gobierno están todavía por ver (aunque de momento parecen perdidos fuera de la tele, su medio natural), pero tras tantos años de infamia por parte del PP (y del PSOE), es incomprensible que ese partido tenga tantísimos fieles dispuestos a seguir abriéndoles sus bolsillos para que tranquilamente metan las manos en ellos y cojan lo que deseen, barra libre, oiga.

Que todavía la mayoría de la gente que decide el futuro de su país vote (a través de su voto o de la abstención, que a los abstencionistas les da igual quien gobierne, como bien indica su renuncia) a los dos partidos que nos han traído a esta situación en la que las instituciones están regentadas por organizaciones mafiosas sólo indica que, como bien dijo el otrora icono pepero Rus, aquí hay burros por doquier, burros que premian la corrupción, burros que consienten el delito, burros cómplices del robo y la extorsión, burros partícipes de una red que haría palidecer a Tony Soprano y compañia. Es tal el nivel de podredumbre del, recordemos, partido más votado de este jodido país, que hasta ha sido imputado en bloque por destruir a martillazos pruebas fundamentales de sus ilegalidades. Así, por ser mayoría (recordemos la abstención…) los que han vuelto a elegir más delincuencia de Estado, este país es el hazmerreír de Europa y del mundo occidental, una tierra carente de raciocinio y sobre todo de dignidad, dispuesta a seguir genuflexa ante el amo que la alimenta tan sólo con un mendrugo de pan y encima le da las gracias. Como dijo aquel otro sabio, me duele España…

El poder evocador de ‘Star Wars’

Etiquetas

, , , , , , ,

strsEstamos hechos de recuerdos construidos con los retales que a lo largo de nuestra vida pasada se han instalado en la memoria; parte de todo aquello vivido pasa a ser un trozo de cada uno de nosotros, nos nutrimos de lo que en nuestro recuerdo permanece, de lo que quedó de aquellos momentos que determinaron lo que somos, porque sin un hallazgo retrospectivo no somos nada, si acaso un ser viviente vacío como un muñeco de hojalata pero jamás un ser completo. Por eso esos instantes que permanecen incólumes en nosotros son el mayor tesoro que podemos tener, la razón de seguir hacia adelante para construir un presente que pronto será pasado y por lo tanto recuerdo, piezas que erigirán el esqueleto que compondrá nuestra vida pretérita, la que aconteció y definió nuestro ahora.

Todo se convierte en recuerdo, o al menos lo más importante o decisivo o crucial, momentos y vivencias pero también personas, las amadas y las odiadas, las que te hicieron bien y las que te hicieron mal, todas ellas se transformarán de alguna manera en parte de cada uno, componiendo el edificio que contendrá los retazos de la vida pasada y que veremos cada vez más lejos y difusa. Y resulta curioso cómo alguno de esos recuerdos se ven evocados ante ciertos estímulos, realzados y traídos con más nitidez cuando algo cataliza su aparición; quién no ha asociado un olor a alguien querido o una música a un momento pasado; quién no ha vuelto a sentir como si fuese ahora un instante que ya ni siquiera recordaba ante ese olor o esa música o ese sabor.

Los que nacimos en los ochenta creo que tenemos muy arraigado el poder nostálgico de aquella época, quizá porque fuimos de las últimas generaciones de “niños normales”, cuando todo era más auténtico y pervivía más en el recuerdo, porque disfrutábamos de todo lo que teníamos como si fueran verdaderos tesoros, cada capítulo de lo que fuera que veíamos por la tarde suponía un acontecimiento, cada juego en la calle era una diversión sin límites, aunque fuera jugando al fútbol con un cartón de zumo o una bola de papel de aluminio. Algo tan sencillo como unas canicas suponían horas y horas de diversión, una simple botella con algo de tierra en el fondo daba para jugar tardes enteras. Todo se vivía de verdad, todos éramos de verdad, los niños jugábamos en la calle y nadie se quejaba, porque entonces era lo normal, lo lógico, lo que demandaba una infancia ávida de experiencias auténticas. No es de extrañar que hoy, toda aquella generación (la de EGB), estemos cargados de recuerdos de aquellos días maravillosos e inolvidables que quedaron grabados a fuego en nuestra memoria y que hoy anhelamos con tanta intensidad. La felicidad costaba muy poco, a veces sólo cruzar la puerta de casa para salir a la calle a disfrutar con cualquier cosa que encontrásemos o sencillamente a sentarnos en algún lugar con los amigos.

Y por supuesto el cine, aquellas películas que no hace falta que enumere todavía permanecen en nosotros como momentos inigualables, se mantienen como sueños a los aspirábamos todos los niños que las veíamos una y otra vez, tanto que podríamos repetir al pie de la letra algunos de sus diálogos o tararear sus míticas melodías hasta la saciedad. Da igual que fueran buenas o malas, les profesábamos verdadera pleitesía y las alquilábamos mil veces en el videoclub o las veíamos cada vez que las pasaban por televisión, nunca nos cansábamos, siempre hacían volar nuestra joven imaginación a mundos o universos fantásticos. Y como baluarte de toda aquella imaginería, cómo no, Star Wars, la saga de fantasía (no ciencia ficción) que marcó aquellas inquietas e imaginativas generaciones, una epopeya que nos hizo soñar con mundos extraordinarios, caballeros Jedi, espadas de luz y naves ultrarrápidas. Todo ese mundo imaginado por George Lucas impregnó como nada la memoria de los niños y niñas que asistíamos boquiabiertos a las aventuras de Han Solo y compañía e incluso la maravillosa música de John Williams quedó, sin darnos cuenta, como una parte de nuestros recuerdos más arraigados. Y hoy todos aquellos que vivimos de cerca aquel acontecimiento seguimos visionando aquel milagro de la infancia y volvemos a emocionarnos, porque si algo tiene Star Wars para los que pertenecemos a aquella inolvidable generación es un poder evocador único, nos retrotrae a esa vida que perdimos al crecer, a esa época en la que vivíamos intensamente y los problemas no existían, a la etapa, en definitiva, más feliz de nuestra existencia.

Y George Lucas volvió a ese universo en una nueva trilogía que pensábamos nos devolvería a aquella galaxia muy muy lejana que tanto anhelábamos, pero todo quedó en un sueño desvanecido; su tríada de precuelas resultaron estar carentes de la magia de antaño, y en una insoportable y vergonzosa borrachera de efectos especiales las nuevas películas se conviertieron en la mayor decepción de la historia del cine. Afortunadamente Lucas no ha vuelto a ponerse tras las cámaras para reiniciar la franquicia y ha sido el a veces interesante J.J. Abrams el elegido para continuar las aventuras de los Jedis y nos ha ofrecido un Episodio VII que, esta vez sí, posee la suficiente carga emocional de las primeras películas, y lo hace con un guión muy parecido al de la película original (esto no tiene por qué ser malo), con unos personajes muy interesantes y bien llevados (ojo a Rey y cómo no a BB8) y un equilibrio perfecto entre efectos digitales y tradicionales. El despertar de la Fuerza ha conseguido revivir aquellos mágicos momentos que miles de veces vivimos de pequeños, ha logrado el milagro de remover los recuerdos de varias generaciones y lo que es más difícil, quizá volver a crear unos para las actuales.

No será perfecta, pero yo me he vuelto a emocionar y a sentir como aquel niño que fui cuando he visto de nuevo volar al Halcón Milenario…

Ser apolítico

Etiquetas

, , , ,

tumblr_nysavjvwg51s42uk2o1_1280En estos tiempos en los que se pone continuamente de manifiesto la catadura ética y moral de la mayoría de los políticos que han gobernado este desgraciado país durante los ultimos cuarenta años es más necesaria que nunca una movilización popular que acabe con esa forma de entender la política, porque ésta no es (o no debería ser) un negocio (o un espectáculo, como últimamente estamos sufriendo), aunque muchos así la vean y hagan de ella el instrumento con el que forrarse (como dijo Zaplana hace años) con el consetimiento de millones de incautos electores. Pero no sólo una movilización al uso, sino una movilización profunda, radical, una revolución intelectual y cultural que le dé a la sociedad la suficiente hondura para no quedar desprotegida ante el abuso del poder, que le confiera una base sólida e inquebrantable para hacer frente al ataque sistemático de una clase política cuyo único interés es enriquecerse ella y a todo el aparato financiero que tiene detrás. Porque pese a lo que diga esa contradictoria Constitución que nos ampara, la soberanía del Estado no reside en el pueblo, sino en los poderes fácticos, en los organismos económicos no elegidos por la ciudadanía y que a través de sus brazos políticos determinan que todas nuestras vidas estén condenadas a la miseria mientras sus arcas se llenan gracias al trabajo de las clases trabajadoras. En resumen, estamos bajo un régimen oligárquico. Así, pese a todo lo que diga esa tramposa Carta Magna, en este país (ni en ninguno en el que impere un sistema de capitalismo salvaje) no existe la igualdad entre todos los ciudadanos por mucho que los voceros del Régimen quieran inculcarnos.

Cuando cada día vemos bochornosos casos de corrupción, en el que las arcas públicas son esquilmadas por unos canallas que se dicen demócratas, cuando algunos partidos son verdaderas bandas mafiosas que se financian ilegalmente desde su mismo nacimiento, cuando cobran sobresueldos o pagan sus sedes en dinero negro, cuando se adjudican contratos a dedo con el consiguiente cobro de desorbitadas comisiones, cuando se está recortando en servicios básicos, cuando los derechos más fundamentales se están viendo restringidos, cuando las élites económicas mandan a sus lacayos en forma de “nuevo partido“, es cuando más falta hace el compromiso político (e intelectual) de la sociedad, la decisión de cambiar las cosas con todas las armas de las que dispone, porque no debemos jamás olvidar que el poder (krátos) debería ser nuestro, porque somos el pueblo (demos), y la soberanía del Estado es nuestra y sólo nuestra, si es que vivimos en una Democracia. No debemos permanecer ajenos a nuestro compromiso porque de nosotros depende que estemos o no bajo el mandato de canallas sin escrúpulos dispuestos a quitarnos hasta la última gota de nuestra sangre en su propio beneficio y de sus amiguetes. Tenemos que abrir los ojos y dejar de mirar para otro lado o escondernos a la hora de tomar una decisión.

Por eso son tan perjudiciales todos esos despreocupados de la política, los que, en un acto de monumental irresponsabilidad, no acuden a las urnas por pereza o por ignorancia o por estupidez, o los que viven aislados de la realidad que supone el mandato de nuestros “representantes”. Los que se abstienen comenten el gravísimo error de delegar la única herramienta de cambiar la situación que nos martiriza a todos en otros quizá aún más irresponsables o imbéciles.  Ese tipo de persona no es consciente de que eso tan “asqueroso” o “aburrido” que es la política determina en última instancia su vida, que esos “legisladores” van a decidir sobre sus derechos más elementales, sobre si echarle o no de su casa, sobre las tasas para estudiar en la Universidad, sobre la Sanidad o la Educación o simplemente cuánto vale la jodida barra de pan que compra todos los días. El ser apolítico es un ser ignorante porque no llega a tomar conciencia de la importancia capital que tiene la decisión de elegir entre un político canallesco y uno honesto y honrado, entre depositar una papeleta en la urna (en el caso de que lo haga) u otra, o entre depositarla o no hacerlo.

El sujeto apolítico normalmente lo es por falta de conocimiento o información (o mala información) o simplemente idiotez. Está más cómodo o cómoda en la ignorancia, en el no saber, en el desconocimiento de la realidad con la que cada día convive; así es más fácil vivir, la pereza mental y la estulticia le hace ver la vida más bonita, como en un falso cuento de hadas en el que todo cae por la chimenea. Pero la despreocupación política también radica en la espuria manipulación mediática y en la facilidad del individuo para ser manipulado. Las consecuencias de esto es que el sujeto voluble votará a quien salga más en la tele (!) o a quien sepa mentir mejor, pero también pensará (y esto es lo más habitual y lo más triste) que todos los políticos son iguales, cuando si indaga y se informa un poco se dará cuenta (si es que tiene capacidad para ello) de que eso no es así, que hay gente que de verdad está con el pueblo, con las clases populares, y está dispuesta a luchar por la igualdad y para preocuparse de las necesidades de los ciudadanos. Qué fácil es decir “a quién votar si son todos iguales” cuando uno se queda sólo con lo que le dicen los medios del Sistema, cuando no se atiende a lo que dicen unos y otros y sólo se queda con el titular del discurso. Votar desde el desconocimiento es estúpido, pero lo es más no acudir a las urnas porque se piensa que no hay opciones válidas. Por eso primero hay que interesarse por escuchar, leer y discernir, obviar a los medios que no son más que marionetas del poder, atender a las propuestas que nos ofrecen unos y otros, saber distinguir entre el embaucador y el honesto, y sobre todo en no cometer la giliollez de delegar el voto en los demás, porque serán ellos los que decidan por nosotros y eso es un acto suicida y más aún en estos tiempos. Pero creo que todo esto es mucho pedir al españolito medio, para desgracia de este país.

Me entristece la vida…

Etiquetas

, , ,

…quizá porque no llego a entenderla, porque todo es un sinsentido que está patas arriba y sin solución posible, porque es ilógica, aberrante, cruel, despiadada; escapa a la razón como agua entre las manos, transita errante en un mundo desgraciado y miserable que se encarga cada día de demostrarnos que aquí no hay arreglo, que ya ha pasado mucho tiempo, siglos, milenios, y no sólo no hemos enmendado el camino sino que nos hemos alejado de él de forma irremisible y sin retorno posible, porque el mal es inmenso, omnímodo, inmensurable, interminable para millones de seres humanos que pagan la codicia de otros tantos millones, como si esta cancerígena humanidad fuera una balanza en absoluto desequilibrio, como dos vasos comunicantes en los que para que uno suba otro tiene que bajar y siempre sea al mismo el que nutre al otro, sin culpa ni remordimiento porque el dinero es el único dios ante el que rendir cuentas y da igual si miles de niños mueren cada día por las bombas que fabrican en esa parte del mundo elegida y afortunada, si tantos padres lloran cada minuto el sufrimiento inimaginable de sus hijos o los hijos el de sus padres; esas víctimas son sólo el “pequeño” precio que cuesta la riqueza para los que se han erigido dueños de todo, esos que en sus cuentas corrientes hay los mismos dólares o euros que el número de muertos en la miseria y que el mundo los recompensa con el lujo y la opulencia, porque aquí la maldad es el primordio para prosperar, y si no fuera así todo esto no sería un inmenso infierno en el que millones de seres humanos son condenados al sufrimiento, y eso es así porque no hay justicia, la vida no es justa con los justos, con los bondadosos, con los honestos, con los que se preocupan por los demás como de sí mismos, con los que quieren luchar por un mundo exento de injusticias y en el que la igualdad se convierta en el leitmotiv de una civilización necesitada de hombres y mujeres capaces de entender que nadie debería estar por encima de nadie, que todos nacemos iguales y que podemos conseguir un equilibrio que nos permita erradicar todos los males que padecemos en cada rincón del planeta; pero parece que no nos damos cuenta y esos salvadores anónimos o no tanto suelen ser relegados, apartados, porque son una molestia para los poderosos y vemos cómo todo aquel que quiere luchar por el bien común, por la igualdad, por la concordia, por el advenimiento de un mundo más justo será condenado, no sólo por el venenoso Sistema, sino también por la propia sociedad, ávida de líderes agitadores y falsos mesías, de prestidigitadores de verborrea fácil y engañabobos; y quizá sea esa la explicación a tanto desatino, vemos continuamente cómo medran los peores, los malos, los embaucadores, los listillos… porque, no nos engañemos, el mundo reclama a los mejor adaptados y esta sociedad demencial y no pensante demanda lo ponzoñoso, lo deleznable, lo falso, lo fraudulento, lo vil, y el que no sea así será ignorado u olvidado o enterrado.
Por eso me duele la vida, porque no es justa, no da lo merecido, no eleva a quien lo merece sino al que hará de ella algo un poco más injusto y doloroso.

Sí, la vida, esta vida, me entristece.

El circo político

Etiquetas

, , , ,

rajoyÚltimamente se oye mucho en esa prensa detestable y manipuladora que tenemos eso de “la nueva política”, la nueva forma de entender lo que hasta ahora era la concepción de lo político, diciéndonos que se ha abierto una brecha en la hasta ahora granítica clase dirigente española. Todo ha sido a raíz de la fabricación de Podemos por ciertos sectores mediáticos y del impulso a Ciudadanos por las élites económicas. Nos venden una “regeneración democrática” propiciada por los partidos emergentes (emergentes gracias a los mass media del Sistema) y a la que irremediablemente se tienen que sumar los “partidos tradicionales”. Muchos pensamos que esto no ha sido así, que todo atiende a un falaz montaje mediático en cuya base están únicamente los intereses de los oligarcas que realmente gobiernan el país. Pero si nos paramos un poco a pensar en ese cambio podemos darnos cuenta que no es tal, que sólo se supedita a un lavado de cara superficial, epidérmico, que ni mucho menos ha transformado todo ese asqueroso aparato que subyace en la forma de hacer política del venenoso bipartidismo que hemos sufrido desde que se murió ese mequetrefe asesino que fue Franco.

Sabedores de lo que reclama la perezosa sociedad española, los dueños que dirigen el teatrillo de nuestra democracia han dispuesto un “nuevo” panorama político para volver a captar a todos aquellos que de alguna manera dejaron de dar su confianza a sus dos marionetas, PP y PSOE. Así ampliaron las opciones y aparecieron Podemos y Ciudadanos como renovadores (!) de la añeja política. Viendo un peligroso (para ellos, para el Poder) avance de la izquierda (por parte de IU), se sacaron de la chistera una bomba de profundidad que se presentaría como rupturista y hasta radical desde posicones de izquierdas para arrastrar a esos díscolos votantes que no comulgaban con las ideas neoliberales del bipartidismo. Y así fue, hubo un trasvase de inocentes votantes de IU que, creyéndose el proyecto del mesías Iglesias, se pasaron a Podemos. Tras esta hábil maniobra, Podemos comenzó a virar hacia una posición alejada de sus orígenes hacia el centro (según ellos mismos), pero el trabajo ya estaba hecho, la izquierda estaba finiquitada. En IU quedaron sólo los que de verdad entendieron la trampa, pero el daño ya estaba hecho.
Y Ciudadanos vino a revitalizar la derecha que el PP había debilitado. Los oligarcas financieros se encargaron de alimentar a un partido que pasó de no tener ni una sola alcaldía en Cataluña en 10 años a ser casi la segunda fuerza política del país en unos pocos meses.
Podemos darnos cuenta sin mucho esfuerzo lo bien que han jugado las cartas con estos dos partidos, se cargaron a la izquierda y resucitaron a la derecha.

Y en un país tan analfabeto y manipulable como es España, la televisión supone un arma excepcional para modular la opinión pública. Viendo que la audiencia se narcotiza e idiotiza con programas chabacanos, soeces y de mal gusto como Gran Hermano o Sálvame, se quiso introducir en la política un espectáculo más o menos similar pero sin llegar a tales niveles de degradación. Ahora la política es así, un espectáculo en el que nuestros representantes o futuros dirigentes se pasean por los platós de televisión haciendo el imbécil, cocinando, bailando, tocando la guitarra, enseñando su casa o cantando. Todo eso parece que gusta, que le da a la política otra dimensión más cercana, cuando lo único que supone es una banalización en sí misma. Es cierto que hacía falta un cambio en la concepción tradicional de la política, que los “líderes” necesitaban mostrar una cercanía y complicidad que les hiciera llegar mejor al pueblo, pero se ha pasado de un extemo a otro. Yo no quiero ver a un idiota dando un mitin subido en un banco (qué incivismo) o jugando al futbolín junto a un cantante casposo o corriendo con la inefable Ana Rosa Quintana; quiero un político que se acerque al pueblo a través de sus propuestas, de su saber transmitir un programa creíble y honesto, quiero que me convenza desde la humildad sin ser el jodido centro de atención de todas las malditas cadenas de televisión, no quiero que me intenten convencer haciendo el gilipollas en programas con presentadores aún más gilipollas.

Pero parece que funciona, que es lo peor. Han disfrazado la política de chabacanería y espectáculo y los partícipes de ese gallinero vergonzoso se mantienen ahí, copando los cuatro primeros puestos en intención de voto. Es lo que quiere el pueblo, pan y circo, y al parecer pan tampoco, visto sus preferencias. En cambio otros más discretos, que basan su propuesta sólo en el programa y en una cercanía más humilde al elector pero sin estupideces, son apartados sistemáticamente de los debates por el mero echo de no ser partícipes del jolgorio; y claro, para el pueblo, ávido de mezquindades y banalidades, quien no figura en prime time no existe. Ése es el gran problema de esta tierra, la falta de hondura, la carencia de miras para ver más allá de lo que le ponen delante de sus narices y saber qué es lo que vale y lo que no, quién de verdad quiere hacer política para el pueblo y quién lo hace en beneficio propio aunque se deje su dignidad en el camino. Pero eso parece que es mucho pedir a un abúlico público que espera el siguiente espectáculo con los ojos muy bien cerrados.

¿Debates a 4? No, gracias

Etiquetas

, , , , , , , ,

manipulation5Resulta alarmante, o mejor dicho, preocupante, la facilidad del pueblo español para ser manipulado. Somos una sociedad inmensamente permeable a lo que nos cuentan, tendemos a la sumisión y a postrarnos cuando nos lanzan mensajes para modular nuestro pensamiento porque estamos desprotegidos, carecemos de la más mínima capacidad de análisis porque somos una sociedad que no tiene los medios suficientes para pensar por sí misma, y esto atiende a la inherente burricie e ignorancia colectivas, fruto de la pereza mental de la que la mayoría de individuos pueden hacer gala. Y un pueblo inculto, como es el nuestro, es el paraíso para el Poder y para aquellos dispuestos a hacer negocio con la vida de todos nosotros. Ya comenté hace poco que el arma más poderosa de los canallescos oligarcas son los medios de comunicación, los cuales convierten el periodismo en una profesión indigna al servicio de los intereses más espurios.

El ejemplo más claro y lacerante de esto es Ciudadanos, un partido que durante diez años estuvo en el anonimato dando bandazos en Cataluña e incluso confluyendo con partidos de extrema derecha que en dos meses se posicionó (lo posicionaron) como una fuerza política con serias aspiraciones a gobernar este desgraciado país. La campaña mediática para con C´s y su artificial y oscuro líder está siendo asfixiante, no hay día en que el autómata Albert Rivera no aparezca en algún medio de comunicación con su discurso tramposo pero de una efectividad tremenda para engatusar a las mentes más maleables. Y como España está a rebosar de gente de pensamiento débil y difuso, estos de Ciudadanos están consiguiendo un respaldo masivo gracias a su imagen perfectamente estudiada y sobre todo a su (cansina y pesada) aparición en los medios plegados al Capital (recordemos que C´s no es más que un producto de la derecha y las élites económicas para fortalecer el espacio debilitado que el PP ha dejado en el neoliberalismo español).

Así de triste y así de fácil, si sale en la televisión, los votamos. Esto es España, un país manipulable hasta las mientes, un sitio en el que lo intelectual es la excepción y por lo tanto la desprotección ante lo que nos quieren inculcar es ilimitada. Decía alguien que un pueblo inculto es la mejor forma de crear un gobierno corrupto, y no hay más que ver que aquí se cumple a rajatabla. Hemos tenido cuatro años en los que el PP ha arrasado el país con sus políticas en contra del pueblo y sus inmensas tramas de corrupción (que se remontan incluso a su fundación) y pese a ello siguen siendo la fuerza más votada. Pero es que ahora sus cachorros, esos de Ciudadanos, están subiendo con fuerza para si no ocupar su lugar sí reforzar todas esas políticas e ideologías orientadas a satisfacer a las élites financieras que de verdad gobiernan el país. Y todo ello con la inestimable ayuda de unos medios de comunicación que se han olvidado del periodismo para rendirse a esos mismos que están detrás de esos partidos políticos.

Y ante la proximidad de elecciones generales el circo mediático se acentúa aún más, con campañas “periodísticas” claramente orientadas a manipular la intención de voto de los ciudadanos. Se ve una tendencia clara de todos los medios del Capital para promover el voto sólo entre cuatro partidos políticos, cuando, que yo sepa, hay alguno más. En todos los debates anunciados hasta la fecha los invitados han sido PP, PSOE, C´s y Podemos, ignorando a otras formaciones como IU (Unidad Popular) o UPyD. Esto es una actitud muy partidista y manipuladora porque en esos debates se les ha dado preferencia a dos partidos (mediáticos) que no tienen ni representación parlamentaria antes que a otros dos que sí la tienen, y uno de ellos es a día de hoy la tercera fuerza política del país. En el caso de UP está clara la intención de silenciar al único partido que abiertamente se declara de izquierdas y no oculta lo que es (al contrario que Podemos, aunque éste ya ha dejado claro su viraje al centro de la socialdemocracia), y apuesta por políticas que de verdad (parece) que podrían cambiar las cosas profundamente. La ausencia de UPyD podría tener cierta explicación porque según la tendencia se va a quedar sin escaños, pero aún así ni siquiera les van a dar la oportunidad de exponer y defender su programa, más si cabe si recordamos que ha tenido representación parlamentaria.

Así, la cosa está clara, medios tan poco fiables como El País o Atresmedia limitan la participación democrática de ciertos partidos políticos y favorecen la movilización del electorado hacia otros. No tiene sentido plantear un debate e ignorar a partidos que hasta ahora tenían un gran peso electoral pero sí invitar a otros que ni siquiera han tocado poder a nivel nacional. Y les funciona, todo aquel que sólo se informe por este periodismo falsario y manipulador va a dar su voto a uno de esos cuatro partidos (a cada cual más tramposo), porque es lo único que, desde las mismas esferas del poder, les ofrecen. Yo tengo muy claro que si los que manipulan y engañan me intentan vender a estos partidos, es porque a mí no me van representar y por lo tanto, por lo menos conmigo, su sucia estrategia se les va a volver en contra. La única solución es apagar la tele y pensar, ¡hagámoslo!

Daesh ya no es ficción

Etiquetas

, , , , , , ,

Pulitzer-AP-PHOTO-MANU-BRABO_EDIIMA20130416_0187_13El dolor no físico, ese que afecta al sentimiento, al yo emocional, puede venir de un estado propio, de una situación difícil que nos supera o de algún revés de esos tantos —demasiados— que da la vida, pero también es un dolor que puede provenir cuando somos testigos, cuando el dolor ajeno invade nuestro estado anímico para instalarse como propio y pasa a sumirnos en un estado de aflicción, llamémosle, pasiva. Nos estremecemos ante la muerte de un conocido, la enfermedad de un familiar, la desgracia de algún amigo o la tragedia de alguien querido. Ese sentimiento de dolor compartido a veces es por puro egoísmo, por el miedo a que eso mismo que le ha ocurrido a esa persona cercana nos pase a nosotros (ese cáncer me puede dar a mí, puedo tener un accidente de coche similar, puedo perder mi empleo y verme como ese pobre desgraciado…). Es algo lógico que atiende a la cercanía de la víctima, somos testigos directos o casi directos del dolor ajeno, asistimos a sus consecuencias, vemos de cerca el sufrimiento, y esa causa u origen puede que esté igual de cerca, por eso nos aterramos cuando asistimos al drama próximo.

Pero cuando el dolor está lejos de nuestro espacio más cercano, cuando el horror se ceba en aquellos que sólo vemos por la televisión o en periódicos lo percibimos atenuado, casi ficticio, como si de una película se tratara o un documental de hechos pasados y que no nos atañen y por lo tanto no tiene por qué afectarnos o conturbarnos, lo observamos como espectadores ajenos sin temer a que nos toque a nosotros, no es como el sufrimiento propio o de un familiar o un amigo, porque nos separa una distancia que deshumaniza y diluye el horror, hay una barrera invisible que nos protege, una pantalla o unas hojas que nos narran el terror pero a la vez nos ausentan del mismo. Y los terribles atentados de París han puesto de manifiesto que el terror sólo es terror si es cercano, si su radio de acción puede de alguna manera llegar a nosotros, tomamos conciencia de que el terrorismo más cruel y demencial (¿acaso alguno no lo es?) no es algo etéreo e irreal que sólo vemos en países remotos sino que también somos susceptibles a su alcance, y cuando nos damos cuenta de ello el temor se adueña de nosotros, la capa protectora de la distancia de deshace y nos invade el miedo y el temor a sufrir igual que esas personas que veíamos con cierta indiferencia.

París nos duele porque está ahí, casi en el centro de nuestra Europa que parecía a salvo de los locos de Daesh, ya no es en Siria o Irak, tan distantes y casi ficticios, es una de las ciudades capitales de nuestro mundo y ha sufrido en unas pocas horas lo que cada día ocurre tan lejos, y por lo tanto aquello se convierte en nuestra realidad, lo lejano es ya cercano y ahora no nos parece impensable que nosotros seamos las víctimas de esos sanguinarios a los que sólo prestábamos atención cuando nos golpeaban con sus macabros videos (que más parecen una secuencia de Call of Duty, fijaos lo frágil de su “discurso antioccidente”) con brutales ejecuciones; ahora han demostrado que están muy cerca y ya el peligro no es remoto sino real, eso es lo que ha agitado la sociedad europea, que ahora se ve vulnerable, que le ha visto los ojos al terror porque Daesh ha actuado como nadie lo había hecho antes. Los atentados del 11 de marzo de Madrid fue con bombas, no hubo una personificación del terrorista, en cambio en París estaban allí, armados, cara a cara con la población, ésta se encontró frente a frente con sus verdugos, y eso aterra más, duele más que maten directamente, de cerca, muy de cerca, y ese el pánico que ahora atenaza Europa, una Europa para la que va a haber un antes y un después, mucho más que tras el 11M porque la extrema derecha hoy es más fuerte que entonces, la crisis ha espoleado a partidos fascistas que están consiguiendo peligrosos éxitos en muchos países y Daesh les ha proporcionado la poderosa arma del odio, porque el fascismo de, por ejemplo, el Frente Nacional francés, ya ha empezado su campaña de propagación de la islamofobia en toda Francia y me atrevería a decir que ya podemos dar por hecho su victoria en las próximas elecciones del país galo. Daesh va a dar un empujón casi definitivo al ascenso del fascismo en Europa, y esa va a ser su mayor victoria, más que el número de víctimas que pueda causar directamente, porque ha sembrado la semilla del odio y el fascismo se alimenta de odio, y no tenemos que remontarnos muchos años atrás para saber lo que esto conlleva.

Y ahora nos hablan de guerra, igual que tras el 11S, ahora, cuando el llamado mundo occidental se ve atacado por esos que cada día siembran el terror en otras zonas que no nos conciernen; nos dicen que el mundo está amenazado, que estamos en guerra contra un grupo terrorista que el propio Occidente ha alimentado; ahora que su bestia se vuelve contra él llegan los lloros, el arrepentimiento, las prisas por desactivar la bomba que activó en pro de sus propios intereses. Pretenden derrocar a un enemigo poderoso y difuso con sus mismas armas, declarando una guerra a los terroristas cuando la Historia nos ha enseñado que eso no es más que apagar el fuego con gasolina, como pasó en Afganistán, Irak o Libia, de aquellos barros estos lodos, como reza el dicho popular. Pero todo esto atiende a lo mismo, al apego casi inherente del ser humano a la guerra que ya nos dijo Kant: «La paz entre los hombres que viven en sociedad no es un estado natural. Por el contrario, el estado natural del hombre es la guerra. Guerra que se manifiesta no sólo como hostilidad abierta, sino también como una amenaza constante de hostilidad. La paz, por lo tanto, es un estado que debe establecerse por ley». Francia sólo habla de guerra, y no ha tardado ni cuarenta y ocho horas en bombardear supuestas posiciones de Daesh aunque éstas se sitúen en una población en la que también viven civiles.

La imagen de arriba es de Siria, de lo que ocurre todos los días con la permisividad e incluso beneplácito de Occidente en un escenario que no es más que su negocio. Y a nosotros no nos duele, no nos hemos movilizado por lo que está ocurriendo allí, por esas miles de víctimas que cada día caen bajo la barbarie de la guerra y el terrorismo (hace poco Daesh mataba a 200 niños y apenas nos hemos enterado por aquí), no somos Siria ni Irak ni Palestina, ni Ayotzinapa en México, somos incapaces de mirar más allá de nuestro jodido ombligo, no nos importa aquello que no nos atañe porque está lejos, en otro mundo que no es el nuestro, en un escenario dibujado por los medios de comunicación y que ni nos concierne ni importa, esos muertos, esos parias, esos refugiados, son víctimas menores, no es nuestro problema porque están más allá de nuestras infranqueables fronteras, ni caso mientras los que mueran sean otros, no son los nuestros porque son de otro país lejano o de otra religión, no merecen nuestra atención, son personas que tienen que aguantarse con lo que tienen, no son dignas de abrir telediarios; no como las víctimas francesas, esas sí son dignas de nuestro dolor y comprensión, son vecinos, miembros de la Europa de las libertades, ahora es cuando hay que actuar contra los asesinos, ahora que han matado a personas de verdad, de primer nivel, de nuestro intocable y aislante mundo.

Duele París, pero nos debería doler el mundo, un mundo que se desangra bajo la barbarie, en el que las fronteras suponen una barrera entre la vida y la muerte, que nos anestesia ante el dolor ajeno y nos avisa cada día de que el final no puede ser bueno de ninguna manera. Un francés no es más humano que un sirio, no duele más morir en una terraza parisina que bajo el machete en un desierto. Se ha llegado a decir que Daesh ha declarado la guerra a la humanidad, ahora, cuando han matado en Europa. Antes no, antes sólo mataban a seres humanos de segunda, esos importan menos, no vamos a consternarnos por los que no son como nosotros. Y así, cada vez nos hundimos más en la miseria de lo que somos.

El poder y los medios

Etiquetas

, , , ,

hh“Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.” – Joseph Goebbles

Desde la instauración de este orden mundial capitalista, salvaje e implacable, el poder siempre se ha servido de los medios de comunicación para impulsar y alcanzar sus intereses, teniendo, desgraciadamente, al periodismo como su gran altavoz con el que manejar a las masas. Los fascismos que asolaron la Europa del cruel siglo XX sabían muy bien de esto y orquestaron brillantísimas campañas de propaganda para narcotizar y someter a los pueblos e imponer su criminal ideario en lo más profundo de las conciencias más volubles. Conocido por todos es el que fue “ministro de propaganda” del régimen nazi, Joseph Goebbles, un tipo que llevó la manipulación colectiva a un nuevo nivel, con unos muy bien calculados métodos para instaurar los ideales fascistas, o al menos así es como nos lo han pintado los historiadores. Todos lo regímenes que triunfaron en aquella demencial Europa supieron hacer de la propaganda una de sus más eficaces herramientas de difusión y sumisión porque sabían que en todas las poblaciones la mayoría de sus integrantes son fácilmente manipulables, que la proporción de individuos críticos y pensantes es ínfima comparada con la de ignorantes, y para incrementar aún más esta diferencia, una de las primeras consignas de todos los fascismos era (y es, porque hoy el fascismo sigue imperando en Europa, sólo que disimulado, soterrado o atenuado bajo resplandecientes mantos de democracias) aniquilar la cultura, favorecer la profusión pueblos incultos y analfabetos, porque la cultura otorga la capacidad de pensar, de criticar, de cuestionar lo que te cuentan y poner en duda todo lo que aquellos que pretenden el poder quieren que creas. Podemos tomar un ejemplo cercano, el régimen de Franco, cuya maquinaria propagandística era brutal y su persecución a la cultura y la ciencia incansable, instaurando una educación basada en los preceptos demenciales de la Iglesia Católica, capaces de sumir al individuo en un estadio de narcosis mental irreparable, convirtiéndolo en un autómata dispuesto a creer todo aquello que le impongan (si cree que existe un ser todopoderoso capaz de regir todo el Universo, puede creerse cualquier cosa).

Y hoy, en esta España destrozada por unos y por otros desde 1936, volvemos a asistir a una demostración de manipulación mental abrumadora, digna de los más brillantes propagandistas del siglo pasado, en la que la mayoría de los medios de comunicación están plegados a las élites económicas que rigen nuestras vidas, y por ende, a los partidos políticos que les son afines. Resulta desolador ver cómo el periodismo, que debería ser un instrumento del pueblo para su información —y por lo tanto para pensar—, se ha convertido en el mecanismo con el que modular y moldear el pensamiento popular. Y en un país cuya seña de identidad es la incultura, esto resulta de lo más fácil. Los grandes medios están plegados al Régimen, y esto es debido a que su financiaón proviene de una élites que son las mismas que financian a los partidos políticos. Así, todo está vinculado, es un círculo que se retroalimenta. La prensa promueve una opinión determinada en los ciudadanos, éstos votan en función de esa opinión, gana el partido en cuestión y éste sigue favoreciendo a esas élites. Fácil. ¿Ejemplos? El PSOE y el PP, los grandes beneficiarios de la manipulación masiva. El caso es que ahora, con la estafa financiera que nos han colado, la gente se ha hartado y ha empezado a abrir un poco los ojos, momento en el que es necesario volver a cerrar esos ojos que comenzaban atisbar algo de claridad en la oscuridad. ¿Qué hacer? Echar más leña a una caldera que empezaba a apagarse. Porque en esa coyuntura había un partido que estaba subiendo peligrosamente, Izquierda Unida, cuyo ideario podía poner en peligro la cómoda posición de esas élites financieras, así que no quedaba más remedio que crear e impulsar un partido que hiciera pedazos ese ascenso, y así Podemos nació en el momento oportuno, y los mass media se ocuparon de promocionarlo convenientemente para hacer añicos a la izquierda española. El objetivo fue cumplido con creces.

Y quedaba la derecha, encarnada por el PP y el PSOE, que vio cómo sus fieles acólitos comenzaban a huír, por lo que había que hacer algo. No hizo falta montar un partido, en Cataluña había uno con 10 años de vida dando tumbos sin apenas relevancia que se ajustaba al perfil buscado: Ciudadanos. Una formación que ya había formado coalición con otra de extrema derecha, que tenía en sus filas gente joven que podía abanderar el liderazgo de la derecha española. Y los medios del capital se pusieron manos a la obra para impulsar este “nuevo partido” hacia la cúspide del neoliberalismo patrio, eso sí, muy bien disfrazado de partido de centro, que es lo que se estila ahora (Pablo Iglesias ya denominó muy acertadamente a eso de “ni de izquierdas ni de derechas” como fascismo cool, a cuya corriente también se adhirió su propio partido). La campaña para inocular en el pueblo la idea de que esta formación es la solución a todos nuestros problemas fue todo un éxito, y en dos meses (!) ya estaban en boca de todos como los nuevos (¿nuevos?) que venían a arreglar las cosas.

Y así ahora vemos cómo Podemos se está desinflando (su trabajo ya está hecho) y Ciudadanos copa toda la actualidad política y periodística, sus integrantes no paran de acudir a programas de televisión o radio o a protagonizar portadas de periódicos (con una imagen muy ciudada, todos guapos y elegantes, así es más fácil engatusar a la plebe), porque a los que les interesa colocar a ese partido en el poder son los mismos que están detrás de esos mismos “medios de comunicación”. Resumiendo, tenemos Ciudadanos hasta en la sopa, y todo dispuesto para que la derecha vuelva a erigirse como la ideología dominante en este país (si es que alguna vez dejó de serlo) pero disfrazada de “centro moderado”. Hay que acudir a los medios cuya financiación no está supeditada al capital para ver realmente qué hay detrás Ciudadanos (cosa que, lógicamente, casi nadie hace).

Y el electorado, profuso en una masa acrítica, poco pensante, irreflexiva y manipulable, cree sin plantearse nada, sin cuestionarse de dónde ha salido ese partido de niños bien tan monos, sin parase a informase sobre la singladura de unos políticos cuyo pasado intentan ocultar. Les ha salido muy bien la jugada, demasiado, pero claro, en España eso tampoco era muy difícil. Ya nos arrepentiremos.

Religión en las aulas: enjaulando el conocimiento

Etiquetas

, , , , , ,

FB_IMG_1438169734234Ahora que el PSOE ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre si la religión debería estar fuera de las aulas o no, uno se para a pensar cómo es posible que todavía, a estas alturas de la película, exista tal debate, y no sólo eso, sino que lo que esté instaurado es la parte equivocada. El partido “socialista” no tiene pensado eliminar la religión de la enseñanza pública, esa ocurrencia no es otra propuesta más de todas las que incumplirán si llegan al poder, como han hecho a lo largo de toda su historia, aparte de que podemos dar por hecho que el próximo gobierno volverá a ser del partido más retrógrado y corrupto que ha conocido la democracia española, el PP, apoyado por sus vástagos de Ciudadanos, que para eso han sido impulsados por los aparatos económicos de este país, que son los que realmente mandan. Pero ese es otro tema.

Todos esos demócratas que dirigen este girigay de Estado, que siempre echan mano de esa birria de Constitución que tenemos sólo cuando les conviene, apelan a ésta para defender que el catolicismo esté presente en la enseñanza, ignorando por completo ese artículo (el 16.3) que dice que ninguna confesión tiene carácter estatal (aunque es un punto con trampa, aquellos “padres de la Constitución” sabían lo que hacían, siempre sumisos ante la Iglesia Católica). Pero la religión, y esto es lo que esos cegatos dirigentes no entienden o no quieren entender, debe pertenecer al ámbito personal de cada uno, nadie debe imporner ninguna creencia porque el creer o no creer en un dios sólo debería ser algo estrictamente personal, y la educación en tal o cual religión debería ser exclusivamente tarea de los padres. El que quiera formarse o formar a su hijo en una educación basada en creer que hay un ser divino superpoderoso debería hacerlo en el ámbito privado, o en los centros habilitados a tal efecto, como iglesias, mezquitas o sinagogas. En un colegio (público) cualquier forma de religión debería ser prohibida por ley, porque el adoctrinamiento no tiene que ser competencia de la educación pública. Al colegio se va a aprender, a adquirir el conocimiento en la ciencia o las humanidades, a formar a los alumnos en la realidad del mundo, no en cuentos de hadas. ¿Cómo va a procesar la balbuciente mente de un niño que en una clase le hablen de la evolución y en otra de la creación divina?

De ninguna forma la religión debería tener cabida en la educación básica, es totalmente contraria a la lógica y a la razón, es un freno al desarrollo de la comprensión del mundo, tiende a reducir el complicadísimo proceso evolutivo de este planeta y toda la vida que en él habita, y por lo tanto la única consecuencia que va a tener sobre el estudiante es su idiotización, la banalización de su percepción universal, tendrá un concepto de la realidad distorsionado sustentado en cuentos y leyendas demenciales incapaces de dar una explicación lógica y coherente de todo lo que le rodea. Yo no quiero que nuestros hijos se eduquen en la mentira, quiero que se eduquen en la verdad, en la razón, que sean adultos ilustrados, pensantes, conscientes de que las leyes de todo cuanto nos rodea están exentas de ínfulas divinas, que este Universo infinito no lo dirige ningún dios ni que este mundo haya tenido un arquitecto de inmensurable poder. Ninguna de esas ideas disparatadas debería ser inoculada en ningún alumno.

Me opongo a que los niños y jóvenes sigan los preceptos, en el caso del cristianismo, de una doctrina cuyas raíces se hunden en la crueldad y el asesinato. Porque el auge y expansión de la religión católica se erigieron a sangre y fuego, arrasó culturas enteras, aniquiló creencias ancestrales, asesinó a quienes rezaban a otros dioses, torturó a los que osaban pensar libremente, y aún hoy es patente su odio a los que no comulgan con sus demenciales dogmas. Es tal la estupidez que rige esa religión, que impone que lo bueno del ser humano es exclusivo de sus acólitos, como si la bondad, el perdón, la solidaridad o el amor al prójimo no fueran con los que no creemos, cuando la Historia se ha encargado de demostrar que es justamente lo contrario (a día de hoy, a modo de ejemplo, podríamos citar su visceral odio hacia los homosexuales o las mujeres que abortan). Por ello debe ser responsabilidad única de los padres el que sus hijos se eduquen en la mentira, en la creencia de que existen seres luminosos con poderes absolutos sobre todas las cosas, en la falsa visión de un mundo regido por leyes divinas. Debemos educar para hacer de nuestros niños y niñas personas valiosas, pensantes, críticas, que sean ejemplares por sí mismos y no por miedo a un castigo celestial, porque sólo con un espíritu crítico se puede alcanzar la libertar que todo ser humano debe poseer.